¿Donde sera el 5to MAB?

Mar Oct 19, 2010 8:33 pm por Bimago

Estamos a menos de una semana para el inicio del Budokai, la mayoría se encuentra emocionado por participar, lo cual me alegra. Ahora, necesito sus opiniones sobre dónde realizar la competencia.



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Desfigurando héroes: Un análisis de Dark knight strikes again

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Desfigurando héroes: Un análisis de Dark knight strikes again

Mensaje por Norman Osborn el Vie Ene 30, 2009 8:58 pm



Por aquel entonces, el artista plástico Andy Warhol trabajaba en lo que antes había sido un cuartel de bomberos. Nadie sabe bien cómo se le ocurrió y es muy probable que ni él mismo fuese conciente de que su genial idea de inmortalizar una serie de latas de sopas Campbell de variados gustos en una litografía se convertiría en la pieza más emblemática del movimiento pop.

Lo que Andy Warhol hizo fue darle continuidad a una idea que venía trabajando desde hacía tiempo y nunca lo abandonaría. Convertir unas simples latas de conservas en piezas de museo implicaba que los cánones del arte estaban cambiando. Su poderosa visión de la cultura popular hizo que las latas dejaran de ser elementos de consumo para convertirse en íconos de la posmodernidad.

Andy Warhol no sólo retrató latas de sopa, o retratos de estrellas de la época, o botellas de Coca-cola. Lo que hizo fue reformular los mitos de la cultura de masas, transformar la producción en serie en piezas artísticas irrepetibles. Utilizó las mismas armas de la pasividad para hacernos reflexionar sobre el sitio que ocupaban en nuestras vidas. Warhol estaba señalando un camino que, de un modo distinto pero con igual motivación, recorrería Frank Miller al enfrentarse al universo de superhéroes más emblemático y representativo en su controvertida serie Dark Knight strikes again (2001-02).

Héroes en agonía Cuando yo leía cómics –tal vez sea mejor decir que, como un adicto, los consumía– la producción independiente de los Estados Unidos era casi un mito. Se hablaba sólo de algunos exponentes, muy pocos y de manera muy breve. Allí estaba Art Spiegelman y su genial Maus; tal vez Cerebus de la mano de Dave Sim, para los que comprendíamos algo de inglés, o los hermanos Hernández con Love and Rockets, una suerte de realismo mágico de la ciencia ficción y, claro, también estaba el padre de la criatura, el poderoso e incomprendido Crumb con sus delirios sexópatas y libertarios. Había otros, claro, pero era difícil conocerlos desde nuestra lejana condición de hispanohablantes.

Así que el panorama se resumía en leer cómics de la factoría Marvel o DC. Muchos ven hoy esos días con nostalgia, pero la verdad es que antes como ahora, había mucha basura dando vueltas y era difícil no comerla cuando uno la tenía sobre la mesa. Bueno, tal vez no era tan así, porque muchos de nosotros intentábamos seguir no una colección ni una editorial, sino a un artista que navegara entre editoriales dando un poco de calor humano a esas historias casi siempre predecibles e involuntariamente delirantes.



Estamos a mediados de la década del ochenta. Los cómics norteamericanos han caído en su propia trampa: Los superhéroes que les habían dado de comer durante tanto tiempo ahora estaban empecinados en utilizar sus poderes para destruirlos. Los argumentos se habían tornado predecibles e irrisorios y por más que aún hubiese excelentes dibujantes, los héroes estaban alejados del público adulto. Sólo los nostálgicos se acercaban a sus páginas intentando sonreír ante la amenazas del especio interior dignos de los peores pulps. No había dudas. Si no hacían algo rápido, los cómics de superhéroes perderían al lector adulto.



Lo que sobraban en DC era héroes. Los tenían a montones y para todos los gustos: Ingenuos, terroríficos, con poderes insólitos y hasta sin poderes. Lo que había que hacer era elegir alguno que estuviese olvidado y hacerlo volar. Alan Moore inició el gran negocio del la reformulación de los superhéroes y nos dio una de las gemas del género: La saga American Gothik de Spawm Thing (1984-87). Claro, el hábil de Moore jugó, no digamos sucio, pero sí astutamente al tomar a un superhéroe que no tenía nada de super y muy poco de héroe, aunque luego se reivindicaría al crear el gran hito de la historieta Watchmen (1986-87), aunque con personajes inventados por él mismo. Unos años después, Neil Gaiman haría lo mismo con un personaje poco conocido y dio los mejores setenta y cinco números de una colección que hayamos leído: Sandman (1988-96). El que se jugó con un superhéroe tradicional fue Grant Morrison y no le fue tan mal con sus veinticinco números de Animal Man (1988-90) y su extensa participación en Doom Patrol (1989-92), series donde demostró poseer una visión personal a prueba de marketing, algo cada vez más difícil de encontrar.

Perfecto. El camino para llegar al lector adulto ya está señalado. El que quisiera llegar lejos, sólo tenía que remozar algún viejo personaje… Y esa fue la primera y enorme proeza que realizó Frank Miller con Daredevil (1979-83), una colección en franca decadencia a la que tomó justo dos números antes de que cerrara para convertirla en un punto de inflexión ineludible en la avanzada de los superhéroes hacia la mente del lector adulto.

Miller había logrado revivir a un héroe moribundo, pero todavía tenía por delante una proeza mayor… ¿qué tal si tomaba a un superhéroe emblema de la editorial y lo relanzaba para el público adulto? ¿Qué tal si escribía y dibujaba una serie para Batman situándose fuera de la continuidad del personaje y con permiso para hacer lo que quisiera con él? La apuesta era distinta. La editorial no se jugaba demasiado, porque mantenía la regularidad de sus colecciones mensuales, pero Miller comprendía que se encontraba frente a un salto fundamental en su carrera, porque iba a hacer algo que nadie había hecho: Iba a penetrar en la raíz de un mito para reelaborarlo de la manera más radical.

Dark Knight returns (1986) fue un éxito. Lo que Miller hizo en los cuatro prestiges que componen la serie es tomar al personaje más representativo de DC y someterlo a la historia más adulta e inteligente que alguien había pensado hasta entonces para un superhéroe tradicional. Tal vez no sea tu historia de Batman favorita, pero nadie puede negar que hubo un antes y un después de Dark Knight returns. Batman ya no fue el mismo. Ya nunca sería el de antes… ¡gracias a Dios! El personaje regordete y caricaturesco de la serie de los 60 sería sólo un recuerdo para los más nostálgicos. Porque lo que Miller hizo fue presentarnos un Bruce Wayne cincuentón, alejado de la máscara y la capa, dedicado a reencontrarse con viejos amigos, arriesgar su vida en inútiles proezas deportivas y quizá, tomar alguna copa de más. Un multimillonario más, como tantos que pueblan nuestra imaginación tercermundista… Sólo que aquejado por mil fantasmas que lo persiguen desde su niñez y que no le permiten que descansar… ¿en paz? Bueno, de eso se trata la apuesta de Miller: ¿Que tal si ese viejo adinerado decide ponerse las calzas y salir a pelear de nuevo? ¿Qué tal si se enfrenta a su archienemigo el Joker, pero esta vez juega en serio, dejando salir toda la ira acumulada? ¿Qué tal si desafía al bueno de Superman a un duelo que puede ser el último? ¿Qué tal si muere y se reinventa a sí mismo en esa agonía?

El juego de Miller es claro desde el primer cuadro: Reinventar el universo de Batman pasando por todos los hitos que lo convirtieron en un mito y reformulándonos para dar un personaje más viseral, más adulto, más comprometido con sus lectores y su tiempo. Y lo logra no sólo gracias a una historia magistral, sino a una destreza precisa con el dibujo. Claro, los cuatro volúmenes de Dark Knight returns (1986) fueron un éxito irrefrenable. Miller había dado inicio a la nueva era de Batman. Posteriormente, grandes artistas del cómic tomaron su figura e intentaron hacer lo propio. Lo intentó Grant Morrison con Arkham Asylum (1989), Alan Moore con Killing joker (1988), Jim Starling y Berni Wrightson con The cult (1988) y una horda de excelentes dibujantes y mejores guionistas en la serie regular Legends of Dark Knight. Tal vez algunas de estas historias lleguen incluso a superar la de Miller. Pero el visionario fue Frank. Después de su paso por el Señor de la Noche… ¿quién podría volver a impresionarnos?
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Re: Desfigurando héroes: Un análisis de Dark knight strikes again

Mensaje por Norman Osborn el Vie Ene 30, 2009 9:01 pm



El retorno del retorno
Bueno, la repuesta a la pregunta con la cual terminamos el párrafo anterior es: Frank Miller. Sólo él podía a dar vuelta a Batman otra vez y lo hizo exactamente quince años después con la publicación de los tres volúmenes que componen el controvertido Dark Knight strikes again. Antes de continuar, es justo que lo diga; como el lector ya se habrá dado cuenta, soy un admirador de la obra de Miller.

Sin embargo, no todo lo que hace me parece sensacional.

Ha producido mucho y tiene algunas páginas flojas e incluso, francamente detestables; la mayoría de ellas las escribió después de Dark Knight returns. Debo reconocer que la saga de Marta Washington (1994) que Miller parece guionizar con tanto cariño me parece un panfleto político detestable, al margen de compartir algunas de sus ideas. Hard Boiled (1990) se salva por los sensacionales dibujos de Geoff Darrow, que si bien, como se queja Miller, le restan velocidad a la historia, al menos tienen los suficientes detalles –¡y vaya si los tiene!– como para que uno se quede mirando cada viñeta sin importarle demasiado la remanida trama. No se puede decir lo mismo de la apuesta más fuerte de Miller, la serie Sin City (1991), donde el autor dio un salto increíble en su evolución estética, aunque en las últimas entregas su calidad visual bajó considerablemente. Las tramas, enraizadas en el más duro género negro, son efectivas y están contraídas con la solidez narrativa que siempre caracterizó a Miller, sumando varios cuerpos al momento de trabajar sobre personajes que están hechos a su talla. La utilización del color sea tal vez uno de los mayores aciertos de la serie; el trabajo que su esposa Lynn Varley había hecho en sus historias desde Elektra lives again (1990) y, sobre todo, en Dark Knight retruns hacían que fuese inapropiado volver al la chatura del color tradicional. La elección del blanco y negro y de un solo color pleno por historia han trasformado a Sin City en un producto más europeo que norteamericano, hábilmente concebido para atraer a un mercado alejado del blanco y negro. La serie es buena, sí… ¿pero fascinante?

Dark Knight strikes again
, o DK2, como la llama el propio Miller, ha sido vilipendiada por centenares de lectores. Debo reconocer que la sensación al enterarme fue: «Bueno, Miller va a equivocarse; nunca podrá superar la calidad de Dark Knight returns». Y ahora, querido lector, quisiera comentarle cuál fue mi primera impresión al leer las páginas de Dark Knight strikes again: Una enorme decepción, porque si bien me había preparado para una historia que fuese la sombra de Dark knight retruns, lo que encontré fue algo totalmente diferente. Ya no estaba esa profundidad psicológica ni esa trama perfecta. Dark Knight strikes again no era lo que yo esperaba: Una continuación de Dark Knight returns. Era otra cosa.

Por un momento, creí que los mejor sería cerrar el volumen y abandonarlo allí, guardando en la memoria recuerdos de tiempos mejores, pero continué. De pronto, me di cuenta que el problema no estaba en Dark Knight strikes again, sino en las expectativas que yo me había hecho al acercarme a la obra. Así que intenté plantear su lectura desde otro ángulo. Desde un punto de vista estrictamente formal, es una continuación de la saga iniciada en 1986, pero desde lo artístico Dark Knight strikes again es algo totalmente distinto. Recién cuando comprendí esto, me di cuenta que estaba frente a una obra que merecía una lectura más concienzuda y, tal vez, menos prejuiciosa.

No sé exactamente como fue, pero dados a imaginar, podríamos suponer que un día, Miller se sentó y dijo: «Bueno, ya rehice a Batman, lo reformulé a mi modo. Respeté lo que todos aprecian del personaje, pero le di una vuelta de tuerca distinta. Ahora llegó el momento de hacerlo con todo el universo DC». Porque de eso se trata Dark Knight strikes again: De reinventar a los personajes más clásicos de la editorial, tal vez los más apreciados por el propio autor, y darles una nueva carnadura. Aquí no hay profundidad psicológica, sino una imaginación desbocada que intenta decirnos que en el mundo de los superhéroes no hay monstruos sagrados.

Es curioso, pero haciendo un cómic para DC, Miller les echó en cara su falta de originalidad, libertad creativa y osadía. Me niego a pensar que Dark Knight strikes again es un intento de Miller por llenar sus ya rebosantes arcas. A lo largo de su carrera, aún en los momentos más bajos, ha demostrado ser un jugador osado pero astuto, siempre dispuesto a correr el riesgo a favor de innovar. Personalmente, considero que Miller aceptó un desafío enorme. Aunque la empresa estaba predestinada al éxito comercial, queda claro que Miller decidió jugársela desde el punto de vista artístico. Y aunque muchos fanáticos del autor de Ronin se hayan sentido decepcionados, yo considero que el resultado es de lo más innovador que se ha producido últimamente dentro del cómic de superhéroes.



La trama
La historia de Dark Knight strikes again comienza tres años después de la finalización de Dark Knight returns, cuando Batman y su grupo de jóvenes seguidores están preparados para entrar en acción. Pero esta vez, su lucha no será contra simples criminales, sino contra un sistema que está intentado someter a los superhéroes para adueñarse de todo su poder. Contado así, el argumento parece lo peor de la Edad de Oro, pero en rigor, lo que Miller construye es una historia tremendamente creativa, que lejos de esquivar los lugares comunes, los ridiculiza. Por ejemplo, Barry Allen, Flash, es condenado por el gobierno a girar como un hámster en una rueda para brindar energía a bajo costo; Atom guerrea desde hace dos años en lo que parece un mundo primitivo pero que en realidad es una probeta en la cual lo tienen recluido agentes del gobierno; el capitán Marvel está viejo y algo falto de pelo, pero eso no le impide intentar, con cierto patetismo, formar parte de la liga de seres superpoderosos sumisos al poder de turno.

El duelo final entre Superman y Batman de Dark Knight returns se reitera, pero esta vez Batman destroza sin más a Superman y lo hace comprender que es un simple lacayo de los poderosos, representados nada manos que por Lex Luthor y toda una horda de villanos que ahora someten al kriptoniano. El momento más intenso de la relación entre estos dos personajes se da cuando Batman obliga a Superman a obedecerlo en todo para lograr salvar a la ciudad miniaturizada de Kandor y el boy scout reconoce que ha luchado todo el tiempo para el bando equivocado.

Para ser francos, la trama de Dark Knight strikes again es casi inexistente, pero su principal virtud es que se sostiene a pesar de eso.

Miller suma golpes de efecto, haciendo aparecer de manera sorpresiva a diversos personajes conocidos pero colocándolos en situaciones inesperadas, siempre increíbles y absurdas. La obsesión de Miller por la influencia de los medios masivos de comunicación sobre la opinión pública continúa siendo un ingrediente importante de esta serie. Las pantallas de televisores de la primera parte se remplazan por una serie de páginas en la cual diversas e influyentes personalidades comentan las situaciones que se están viviendo y permiten un correcto fluir de la trama.

Allí, por medio de las superchix, Miller ridiculiza la moderna tendencia de utilizar mujeres sensuales como personajes de cómics. La influencia del género negro y sobre todo de los relatos hard boiled, con Dashiell Hammett a la cabeza, tal vez sea una de las mayores de la serie. Sabido es que Miller admira a los escritores de esta tendencia, ligados con el arte del cómic por su estructura de guiones novelados donde el diálogo y la casi ausencia de descripciones daba velocidad a la trama. Todo Sin City es un retorno a lo mejor del género negro, un ámbito poco transitado por la historieta norteamericana pero que ha dado excelentes exponentes en Europa, destacándose las adaptaciones de las novelas de Leo Malet por parte de Jacques Tardi. Esta influencia no se observa sólo en el exceso de violencia que ha caracterizado toda la producción de Miller, sino sobre todo en la decisión de Batman de transgredir todas las normas que se había impuesto haciendo carne el viejo adagio de «el fin justifica los medios».

El final de Dark Knight strikes again vuelve a sorprender con un increíble enfrentamiento entre un desequilibrado Dick Grayson y su mentor. Por si quedaba alguna duda sobre las intenciones de Miller, su Batman termina asesinando al joven maravilla en un afán por destruir la imagen anterior del héroe y forjar nuevos senderos para un viejo mito. Como dice Batman al final de la serie: «Era un sentimental… antes, cuando era viejo».

El dibujo. Miller no es un gran ilustrador. Cierto. Miller no es preciosista. Cierto. Miller no respeta la fisonomía de sus personajes. Cierto. Miller es un gran historietista, una de esas personas que, como el gran Hugo Pratt, utilizan sus dibujos para contar una historia; la belleza de su trabajo no reside en un cuadro, sino en la sucesión de imágenes y en lo que sugieren dentro de la historia. Cierto, cierto, cierto.

Los primeros trabajos de Miller pertenecen a lo más clásico del dibujo de fines de los setenta y principios de los ochenta, con la insoslayable influencia de Neal Adams, un dibujante de un clasicismo dúctil que supo innovar con planteos de página novedosos. La primera etapa de Miller y todos sus trabajos como dibujante en Daredevil estarán unidos a un estilo sólido pero sin grandes innovaciones más allá de la ambientación realista y del gusto por los pequeños detalles en la arquitectura de su Nueva York dibujada. Ya en Ronin (1983), el dibujo de Miller comienza a verse ligeramente más estilizado, con una exploración más profunda de los planteos de página y esa fuerza expresiva que muy pronto se convertiría en su marca registrada, como si estuviese dando el salto hacia una suerte de imposible impresionismo en blanco y negro.

Pero la gran sorpresa la daría en la excelente novela gráfica Elektra lives again, donde él mismo realiza el plumeado y su esposa Lynn Varley aporta un insuperable trabajo con el color, terminado de definir las formas abiertas y rústicas que Miller deja caer en cada una de sus espléndidas páginas, repitiendo la experiencia de Dark knight retruns, donde el estilo de dibujo cambia para acompañar a la historia, comenzando con un formato tradicional para ir de a poco avanzando hacia un plumeado rápido, casi compulsivo, y a una estilización de la figura cercana al expresionismo. El trabajo de Miller en 300 (1988) marca un nuevo acercamiento al dibujo que lo hiciera famoso.

La historia de los espartanos presenta una experimentación visual única en cuanto al planteo de páginas, intentando emular el formato de la pantalla de cine para brindarle dinamismo a un relato que necesariamente lo requiere. En Dark Knight strikes again, Miller parece dejar de lado su experiencia con Sin City para adentrarse en el estilo que había marcado en Elektra lives again. Las figuras son sencillas, casi de cartoon, en un estilo que recuerda a la línea clara europea, dejando que el excelente color de Lynn Varley dé volumen a la figura, enfatizando el propósito satírico de la obra. En ocasiones, utiliza un trazo grueso, pero sin dejar de recurrir al entintado veloz para los momentos de tensión, sorprendiéndonos de pronto con la imagen de un Batman desfigurado luego de la batalla.

La rudeza de las ilustraciones de Miller contrasta con la profunda belleza de un coloreado insuperable. Lejos de introducir un efecto tras otros, esta primera incursión de Varley en el coloreado informático demuestra que un gran artista puede utilizar las herramientas más modernas para lograr combinaciones vibrantes y llenas de vida. Los planteos de página siguen siendo envidiables, nunca aplicados para el lucimiento del dibujo sino para favorecer el desarrollo narrativo, pasando de ilustraciones dobles a la acumulación de veinte cuadros en una sola carilla logrando ritmos y enfoques siempre diferentes, posiblemente heredados de la experiencia en 300.

Miller logra un dibujo vivo, que varía según las demandas de la historia, con algunas viñetas que son un verdadero logro pero dejándonos en todas ellas la sensación de que también desde lo visual el artista se ha jugado para no repetirse, para buscar aún dentro de su estilo las variables que le permitan innovar y mostrarnos que los límites están para quebrantarlos.

De nuevo Lo diré de una vez: Dark Knigth strike again no es un cómic para todo el mundo. Para poder disfrutarlo hay que conocer no sólo al obra anterior de Miller, sino también su lucha constante contra los manejos de las grandes editoriales, a las que al mismo tiempo ama porque lo han formado como artista y conservan vivo el espíritu de los personajes que lo han hecho vibrar desde pequeño. Pero además, para poder captar la magnitud de la obra hay que conocer la historia de la industria del cómic en los Estados Unidos, porque Miller hace constantes referencias a personajes, autores y momentos que han contribuido sin saberlo al crecimiento de la cultura pop.

Como hiciera Tarantino en Kill Bill, Miller rinde homenaje a los grandes aún cuando ridiculiza sus clichés; en lugar de pintar latas de sopa Campbell, Miller eligió reconfigurar a los superhéroes más emblemáticos. En ambos casos, el resultado fue el mismo: Hacernos ver que la cultura popular puede reflexionar sobre sí misma para dar el salto a la estación siguiente.
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Re: Desfigurando héroes: Un análisis de Dark knight strikes again

Mensaje por OMAC el Vie Ene 30, 2009 9:10 pm

¿Alguno sabe dónde descargar DK2?
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Re: Desfigurando héroes: Un análisis de Dark knight strikes again

Mensaje por Neoverso Comics el Sáb Feb 07, 2009 9:51 pm

Personalmente me gustó mucho el análisis me da otra perspectiva de esta obra.
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Re: Desfigurando héroes: Un análisis de Dark knight strikes again

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